Una cosa es crear un personaje en una tabla de personajes y otra muy diferente es darle vida a los largo de tu historia. Eso es lo que se conoce como «caracterización» y se refiere, básicamente, a la forma como usamos esos atributos peculiares que habíamos determinado que tendría nuestro personaje y creamos con ellos a alguien completo que puede distinguirse de los demás personajes de tu historia.

Caracterizan a un personaje no es tan fácil cómo te lo imaginas, pues como escritores muchas veces terminamos metiendo la pata y como resultado tenemos a un personaje irreal, que no genera conexión con los lectores, o que simplemente debemos seguir desarrollando hasta sacar todo su potencial.

El día de hoy vamos a hablar sobre uno de los problemas de caracterización más comunes que tendemos a cometer: cuando le damos a nuestros personajes mucha más conciencia de sí mismos que la que tiene un humano promedio.

Puede que a nosotros nos facilite las cosas ―y además nos ayude a aumentar nuestro conteo de palabras― pero la verdad es que al hacerlo terminamos poniendo en riesgo la tensión, limitamos la credibilidad del personaje y hasta terminamos afectando nuestra narración.

¿Por qué el exceso de conciencia sobre sí mismo puede arruinar a mi personaje y cómo lo puedo arreglar?

1- La edad es importante:

La cantidad de conciencia sobre sí mismo que le des a tu personaje depende de la edad y la personalidad de cada uno. Los personajes mayores e introspectivos van a ser más atentos de su ser interior que los más jóvenes y extrovertidos. Pero incluso un anciano de más de noventa años y maestro en el arte la de meditación y el entendimiento propio no va a ser consciente de todo lo que siente o le sucede.

2- El dialogo interno no es tan común como crees:

El dialogo interno en la vida real tiende a ser reactivo pues funciona como una respuesta a eventos recientes más que a un pedazo de narración que sirve como relleno. Generalmente los humanos somos muy inconscientes. La mayoría de nuestras decisiones y nuestras acciones las hacemos sin pensar o analizar demasiado. Así que cualquier dialogo interno debe ser escogido con cuidado.

3- No todos sabemos realmente quienes somos:

La narración interna no es la única practica de auto conciencia que ponemos a hacer a nuestros personajes. Ellos también deberían estar un poco perdidos sobre cuáles son sus debilidades, sus fortalezas o incluso sus miedos más profundos o metas. ¿O acaso tú eres plenamente consciente de algunos de estos puntos? El conocimiento interior es una búsqueda constante y si tu personaje no ha iniciado con ella no debería conocer estas respuestas.

En la medida en la que el personaje es forzado a crecer en el curso de la historia, la solución a estas preguntas deben acercarse a la superficie de su conciencia.

 4- Las emociones limitan la racionalidad:

Cada vez que tu personaje es reactivo, como cuando está metido en una escena emocional o activa, la conciencia de sí mismo no debería existir.

Puedes usar una pequeña cantidad de conciencia y reflexión sobre lo que acaba de suceder en la escena ―o en la secuencias de escenas que le siguen―. Solo no lo hagas muy seguido, no hay nada que mate más el ritmo de tu historia que páginas y páginas de introspección sin acción.

5- Las crisis como catalizador del auto-conocimiento:

La mayoría de las personas no tienen tanta conciencia de sí mismos como para darse cuenta que tienen problemas, por eso la gente real necesita de un evento externo o de una persona que cree disconformidad e incite al cambio.

Plantéate cómo puedes hacer que tu personaje cambie y que se dé cuenta que debe hacerlo.

6- Recuerda, no se trata solo de debilidades:

Tus personajes pueden no ser conscientes de sus miedos, defectos, deseos, fortalezas, emociones y las razones por las que actúan o reaccionan. La auto-consciencia y la introspección deben usarse de a poco para que sean más contundentes cuando sucedan.

En conclusión: cosas que tus personajes no deberían hacer:

-Pensar en términos de cómo se ven desde una perspectiva externa.

-Narrar las razones detrás de las acciones que acaban de suceder, especialmente en escenas de tensión.

-Nombrar las emociones. La mayoría de las personas no piensan «estoy triste», en vez de eso estarán pensando en las razones de ese sentimiento.

-Buscar la raíz de las razones detrás de cada miedo y esperanza y emoción. La mayoría de nosotros no va por la vida excavando en nuestro pisque todos los días.


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Sobre el Autor Escuela de escritores Mnemósine

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