Los recursos narrativos son esos elementos que te ayudan a construir tu obra. Algo así como los diferentes instrumentos de la orquesta que vendría a ser tu historia.

Normalmente estos elementos son estrategias que usamos para darle forma a eso que queremos narrar. Están ahí con la finalidad de que tu lector se quede pegado a tu historia hasta el final, de que no se aburra mientras lee tu trabajo.

Cuando empezamos a escribir, muchas veces agarramos cosas que hemos visto en otras historias y las incorporamos a la nuestra, sin saber, que tal vez estamos ante un recurso narrativo.

Esto hace que terminemos agarrando algo que tal vez no es muy efectivo o muy realista, y lo repitamos en nuestra historia.

Gracias a eso, nos encontramos con un sinfín de obras con elementos poco realistas entre ellas.

En este artículo te voy dar algunos ejemplos y la forma de solucionarlo si, de casualidad, los terminaste usando.

Algunos recursos narrativos irreales y qué puedes hacer para solucionarlos:

1- Ojos que leen pensamientos

Hay que admitirlo: el rostro humano es muy expresivo. Gracias a la evolución hemos aprendido a reconocer el lenguaje corporal.

Como escritor puedes sacarle provecho a esta forma de comunicación no verbal que te ayudará a crear personajes mucho más realistas y profundos.

Sin embargo, estas pistas sutiles tienen límites. Hay muchas cosas que puedes percibir al ver a otro a los ojos, pero eso no implica que puedas hacer magia.

Si alguna vez te encuentras escribiendo una frase del tipo: «Vio la traición en sus ojos» detente y piensa por un momento.

¿Cómo se ve la traición? ¿Cómo puede comunicarla los ojos de alguien?

Si no puedes imaginar a una persona real haciéndolo significa que estás usando un recurso irreal ―así suene redundante lo que acabo de escribir―.

Cuando un escritor usa este recurso, normalmente lo hace para ahorrarse la molestia de explicar algo. Si, por ejemplo, no desea desarrollar un dialogo una escena, entonces su protagonista podrá leer mágicamente las intenciones del villano solo con mirarlo a los ojos.

Eso solo hará que tu personaje sea tomado como un extraño que puede leer la mente.

¿Qué puedes hacer?

Abraza lo incierto de la comunicación humana.

¿Cuántas veces hablaste con alguien que deseaba desesperadamente que leyeras más allá de su sonrisa?

Los personajes que no andan por el mundo sabiendo lo que otros piensan son más inmersivos porque nos podemos identificar con ellos: ellos tienen que tratar de entender las expresiones de los otros para identificar sus intenciones, así como cualquiera de nosotros.

Sin la habilidad de leer la mente tus personajes van a tener que esforzarse para desenrollar la trama.

Usa eso para aumentar la tensión: tus personajes son como las personas reales, esperan desesperadamente que sus compañeros entiendan qué es lo que deben hacer.

Y, como raro, los malentendidos están a la orden del día.

2-El villano pierde poder cuando se cambia de bando

Hay escritores que redimen a sus villanos.

Quieren tanto a su personaje que no pueden dejarlo terminar la historia en el bando de los malos, así que ponen en su camino una prueba tan grande que los termina haciendo retomar el camino del bien y, finalmente, aliarse con el protagonista y sus amigos.

El problema está en que estos villanos en algún momento fueron una gran amenaza que superaba a los héroes y esto es algo que podría terminar opacándolos una vez éste se hace bueno.

¿La solución?

Hagamos al villano-que-ahora-es-bueno un poco menos fuerte que nuestro protagonista y el lector no se dará cuenta.

Un escritor acude a este recurso cuando, de una u otra forma, se arrinconó a sí mismo.

Invirtió tanto esfuerzo en crear un arco de redención para ese personaje, que simplemente no puede echarse atrás. Sin embargo, al mismo tiempo se niega a cambiar la trama de la historia.

Lastimosamente, por más de que el escritor haya prendido tres velas blancas y saltado tres veces hacia los lados en la mitad de la noche, el lector siempre se dará cuenta. Por más de que no lo creas, la gente le pone mucho cuidado a la consistencia de una obra.

Este tipo de decisiones le roba a la redención de tu personaje todo el significado y lo baja al nivel de «otro personaje secundario más».

¿Qué puedes hacer?

Siempre está la opción de matarlo una vez se pasa al bando de los buenos, pero esa es otra solución facilista.

En vez de eso enfócate en aquello que ese personaje pierde al cambiar de facción: si su poder está en su rango militar, al pasarse al otro equipo es más que obvio que no podrá conservarlo, por ejemplo.

No solo estás justificando su pérdida de poder, también estás haciendo más significativa su decisión ya que sacrificó algo por ella.

Para equilibrar un poco la cosa, haz que ese personaje aporte algo nuevo e importante al equipo. De lo contrario es muy probable que termines olvidándolo o pasándolo a un segundo plano.

Nuestro militar del ejemplo ya no tiene un rango alto pero aún conserva su entrenamiento y su experiencia, que serán de gran valor para el equipo del protagonista.

Eso nos puede llevar al siguiente punto.

3-Personajes sin experiencia que son mejores que expertos

El protagonista vivió toda su vida cultivando espinacas, sin embargo, cuando le ponen una espada por primera vez en sus manos resulta ser un espadachín envidiable que puede acabar con un ejército de orcos entrenados.

Esto, tal vez, es lo más fastidioso del arquetipo del «elegido».

Hay escritores que quieren mostrar cuán grandiosos son sus personajes que abusan de este recurso. Para que este tipo de trasformaciones sean posibles, en la vida real, es necesaria una gran cantidad de tiempo y de entrenamiento.

Sin importar cuantas profecías cites nadie se va a comer el cuento del costurero que se vuelve un asesino talentoso solo con unas pocas horas de empuñar un arma.

A diferencia de lo que podrías pensar, este tipo de personajes no son vistos de manera favorable ―da la impresión de que el escritor está ahí echándole en cara lo defectuoso que es el lector, a diferencia de su perfecto e irreal personaje―. Por el contrario, quienes se esfuerzan por lograr sus metas tienden a crear más empatía.

¿Qué puedes hacer?

Si lo que quieres es hacer a tu personaje el mejor espadachín del pueblo, está bien que empieces tu historia dándole cierto nivel de habilidad. Eso les permitirá aprender y crecer de una forma más realista.

Si lo que quieres es que sí o sí tu personaje empiece como novato y termine como un experto, lo mejor que puedes hacer es entrenarlo de forma realista y así justificar el incremento de su habilidad.

Este entrenamiento puede hacer parte de su arco y tu personaje tendrá que sacrificar algo para lograr su objetivo de ser un experto.

4- La ciencia no puede igualarse al sentido común

Algo está sucediendo: el mundo se está yendo al diablo por culpa de una inminente colisión de una nave espacial y los científicos acaban de entrar en pánico. Parece que no hay salvación hasta que nuestro protagonista, un humilde repartidor de pizzas ―porque uno no puede enfrentar el fin del mundo sin una pizza― llega y señala una solución simple y obvia que nadie más había notado.

Puede que como escritor no tengas mucho conocimiento científico sobre cómo detener la inminente colisión de una nave espacial y tengas que recurrir a algo que tú puedas controlar, sin embargo, este recurso no es más que un insulto para esas personas que se han matado años estudiando sobre el tema.

Es un insulto a la ciencia a y a los científicos.

Los temas complicados requieren que tu personaje tenga un nivel básico de conocimiento antes de ponerse a opinar.

A menos que nuestro querido repartidor de pizzas sea un científico frustrado o un estudiante de algo relacionado con cohetes, su opinión no puede ser un aporte que se deba tomar en cuenta.

Otra cosa que debes pensar es que una persona no pierde su sentido común por tener un doctorado. Si hay una solución simple a la vista, tus científicos serán tan capaces de verla como el repartidor.

¿Qué puedes hacer?

Primero recuerda que no hay nada malo en tener un personaje que sepa cosas o que sea más inteligente que tú. Por otro lado por ser un repartidor de pizzas no significa que no tengas otros conocimientos del mundo o que sea un apasionado de los cohetes. Siempre y cuando seas capaz de legitimar la opinión del personaje que acaba de llegar ―y que no es científico― es posible que su aporte sea valioso. Algo así como un nuevo par de ojos que puede ver una solución potencial que no se había tenido en cuenta hasta entonces o que tal vez fue descartada desde un comienzo.

Recuerda siempre justificar todo lo que haces que suceda en tu historia.

5- El odio que se transforma en amor

Hay historias en las que la relación de los protagonistas no empieza muy bien y por esta razón se odian mutuamente. Sin embargo, empiezan a suceder diferentes eventos que los terminarán uniendo hasta que finalmente se confiesan sus sentimientos.

A veces este tipo de tramas funciona muy bien. Vamos, no hay nada más tensionante que un par de tórtolos enamorados que aún no han confesado su amor y esa parte del odio le agrega su toque; el contraste se vuelve en este caso el mejor amigo del escritor.

Sin embargo, si estás determinado a que esos dos terminen juntos pero te saltas todo el desarrollo de la relación, ya estás empezando a hacer las cosas mal. Acá es cuando se vuelve un recurso irreal.

Si tu historia requiere que uno de tus personajes insista hasta que el otro acepte, ten cuidado. Es posible que estés validando una cultura de violación. Estas contribuyendo a la idea de que en el amor «No» significa «Si, pero esfuérzate» y que el romance es un concurso que se debe ganar.

Incluso, cuando no hay temas de consentimiento involucrados el sinsentido está en que, por lo general, los humanos somos rencorosos.

A menos que te esfuerces mucho en desarrollar la relación, ese romance está condenado al fracaso desde el comienzo ―muchos años después de haberme graduado del colegio, sigo sin aceptar las solicitudes de amistad de los que me hacían la vida imposible mientras estudiaba, por ejemplo―.

Este tipo de romance tiende a crear personajes poco realistas y relaciones toxicas.

Nadie se va a creer que alguien puede cambiar tanto sin una buena razón para eso. Más te vale tener una mejor explicación para este recurso que «la historia necesitaba algo de amor».

¿Qué puedes hacer?

Cuando dos personajes opuestos van a terminar juntos, asegúrate que sus diferencias no sean irreconciliables. Si uno de ellos está trabajando para los malos, haz todo lo posible por mantenerlo libre de atrocidades.

Esfuérzate por que el lector comprenda la razón por la que se está enamorando hasta el punto de cambiar de bando.

También piensa que si un personaje cambia de afiliación solo por amor, habrán otros personajes que no se van a comer el cuento y por esa razón van a sospechar de él.

Mantener este escepticismo hace que el lector sepa que este romance va a estar lleno de obstáculos que la pareja deberá superar.

6- Sacrificio sin sentido

Los grandes sacrificios, físicos o emocionales, crean grandes historias.

El auto sacrificio es un recurso tan valorado para algunos escritores que está dispuestos a insertarlos en su historia, incluso si no encaja.

Lo que hace que termine convirtiéndose en una gran maldición para la obra.

Los personajes que dan su vida sin necesidad terminan inspirando confusión y enojo en el lector, quien se preguntará si de casualidad el personaje en cuestión tenía algún tipo de complejo de mártir.

El clímax termina convirtiéndose, sin intención, en un momento cómico cuando tus personajes se insertan a sí mismos en la espada de su enemigo habiendo una ruta de escape que podrían usar sin ningún contratiempo.

¿Qué puedes hacer?

Está bien dejar que tus personajes vivan felices por siempre.

Yo sé que no todos los escritores desean tener un final feliz en su historia, pero si allá es a dónde la están llevando ¿qué hay de malo en dejar que suceda?

No le pongas una dosis de tragedia solo por evitar eso que podrías considerar como un final cliché, ya que si lo haces terminarías cayendo en un problema mucho peor.

Cuando un personaje se sacrifica a sí mismo, asegúrate de que sea algo necesario. No debería haber otra opción desde su punto de vista.

Lo cierto es que la mayoría de nosotros no queremos morir, por eso tenemos un instinto de supervivencia. Al mismo tiempo, un sacrificio tendría que estar ligado a algún otro elemento del arco del personaje.

Piensa en Gandalf y lo que significó su sacrificio para él y para el resto de la comunidad del anillo.


Esperamos que este artículo te sirva para que mejores tus recursos narrativos irreales. Si te sirvió la información, alegra nuestro día con un ‘like’. No olvides seguirnos en redes sociales para tener más consejos de escritura y ayudas para escritores.

Si nos faltó algo, ayúdanos a completarlo. ¡Nos encanta escuchar tus anécdotas!

Imagen: Simon Cocks (vía flickr)

About the Author Escuela de escritores Mnemósine

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